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Historias de vida: Superó un cáncer que le dejó cicatrices profundas

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Claudia Iturbe (53) vivió un fuerte conflicto que se ha quedado guardado en su cuerpo. En su historia de perseverancia y lucha en contra del cáncer de mama, convive un recordatorio en forma de cicatrices que impactó directamente en su autoestima y en la percepción de su feminidad.

El proceso con el cáncer consistió en tratamientos de cirugías, ya que el tumor no llegó a malignizarse, pero tenía la particularidad de un crecimiento acelerado. La convivencia con el tumor fue de diez años y esto produjo que la piel se tornara muy fina, perdiendo elasticidad. “Me explotó la mama de lo que creció el tumor”, indicó Claudia Iturbe, guerrera contra el cáncer de mama.

A partir de su experiencia Claudia ayuda a otras mujeres que transitan por situaciones similares.

Claudia descubrió a sus 37 años una protuberancia en la axila, cerca de la mama izquierda. Con chequeos anuales, controló su lento crecimiento. En 2014, el contexto familiar comenzó a tornarse muy doloroso. Su pareja tuvo problemas neurológicos degenerativos, y la búsqueda del diagnóstico fue en paralelo al crecimiento del nódulo en su cuerpo. El desarrollo del tumor se disparó y comenzó a hacerse más palpable. “Tenía el tamaño de una lenteja. Luego pasó al de un poroto para convertirse en un carozo de durazno en muy poco tiempo. Ya lo podía agarrar”, detalló Claudia.

«Cuando el tumor explotó y salió, me abrió los ojos. Me sacó de ese lugar en el que ya no podía estar más. Decidí no volver, para empezar a priorizarme”.

Claudia Iturbe

La recomendación del médico de cabecera fue realizar una cirugía de extirpación que implicaba quitar una parte de la mama. “Era algo que me desbordaba y me negué porque no me daban las fuerzas. Lo dejé pasar”, señaló la mujer.

Claudia es instructora de esferodinamia y pilates, centrada en las movilidades articulares. Foto: Juan Thomes.

Para Claudia, el tumor fue una coraza para acompañar el tránsito de la patología de su pareja. Hasta que un día, una pequeña fisura en su mama dejó entrever un bulto que ya superaba los 20 centímetros de diámetro. Explotó su tumor al silenciar lo que le estaba pasando. Con el socorro de una amiga, la asistencia de su familia y principalmente su hijo, Claudia pudo salir adelante. Tenían que hacerse una mastectomía, era la única opción para sobrevivir. “Me sacaron la mama completa. El tumor resolvió por mí, porque no me quería hacer cargo de lo que me estaba ocurriendo”, comentó.

En la batalla para ganarle al cáncer las cicatrices fueron profundas, tanto en lo físico como en lo emocional.

Pasado el shock y una vez resuelto lo urgente, que era sacar el tumor, Claudia adoptó una posición activa frente a la enfermedad. Su viaje introspectivo acompañado de terapias alternativas, encontró una respuesta al por qué de su situación, observando la salud como algo más que la ausencia de una patología heredada. “La enfermedad siempre viene a hacerte una pregunta. Creo que maternicé la relación con mi compañero. Mi pareja fue perdiendo energía y vitalidad, y lo que hacía para acompañarlo no alcanzaba. Fue ahí cuando la mama creció en tamaño”, reflexionó.

En su batalla para ganarle al cáncer, las cicatrices fueron profundas y duraderas, tanto las emocionales como las físicas. Enfrentarse a su nueva imagen fue sumamente duro. “Veía la feminidad y masculinidad presentificadas en mi cuerpo”, indicó.

Desde un primer momento Claudia tuvo en claro que quería la reconstrucción mamaria para sentirse curada. Pasó cuatro cirugías, desde el 2015 hasta el año pasado. Para darle un cierre al ciclo, decidió realizarse el tatuaje de la areola mamaria con la ayuda de una tatuadora que convirtió las cicatrices en una verdadera obra de arte. “Fui parte del proyecto solidario ´CicatrizARTE´, de Club Opia. En mi vida no me había hecho un tatuaje, pero cuando vi el resultado no lo podía creer. Terminamos las dos abrazadas y llorando de felicidad”, recordó.

Con el cáncer, Claudia cambió el sentido de su ser interno y de su vida. Cambió la manera de relacionarse con su cuerpo, y el refugio fue su trabajo. Como instructora de esferodinamia y de pilates, se centra en las movilidades articulares y le ayuda a otras mujeres que transitan situaciones similares. “Cuando empezás a atravesar la enfermedad te das cuenta que no estás sola. Muchas lo guardan en secreto, pero al ser un espacio de vulnerabilidad hay que dejarse acompañar”, concluyó.

Día internacional contra el cáncer de mama

Por iniciativa de la Organización Mundial de la Salud el 19 de octubre se celebra mundialmente el día internacional de la lucha contra el cáncer de mama con el objetivo de crear conciencia y promover que cada vez más mujeres accedan a controles, diagnósticos y tratamientos oportunos y efectivos.

Según cifras de la Liga Argentina de Lucha Contra el Cáncer (LALCEC), cada año se diagnostican más de 21.000 casos nuevos de cáncer de mama en el país y mueren en el mismo período más de 6.100 mujeres por esta causa.

Por: Gisela Figueroa Minchel gfigueroa@rionegro.com.ar



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