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Cuarentena obligatoria: Dos años del día en que nos “encerramos” para prevenir el avance del coronavirus

Cuarentena obligatoria: Dos años del día en que nos “encerramos” para prevenir el avance del coronavirus:

Aislamiento Social, Preventivo y Obligatorio (ASPO). Hasta las palabras sonaban fuertes y provocaban una mezcla de angustia, miedo pero también esperanza de que esa era la manera de frenar el avance de un virus nuevo que estaba asolando al mundo.
Así fue que el 20 de marzo de 2020 entraba en vigencia el primer periodo del ASPO, anunciado por el presidente de la Nación Alberto Fernández horas antes y que se extendía hasta el 31 de marzo del mismo año. Nadie podía imaginar, o quizá algunos sí, que esos 12 días se transformaría en casi un año, al que seguirían otros largos meses de restricciones.
En ese momento se hablaba de una enfermedad que no tenía cura y la posibilidad de “ser positivo” asustaba. Aislamientos en hoteles, casos “leves, moderados y graves”, internaciones en la más absoluta soledad y muchos prejuicios, comenzaron a ser las palabras más usadas. Al ritmo de todo esto comenzaba a hablarse del uso de barbijo y tapabocas, de clases y trabajos virtuales y del uso de alcohol en gel casi para todo.
Aumentó el uso de las redes sociales y teléfono como vía casi exclusiva de comunicación y las calles se vaciaron. Solamente el personal “esencial” cuyo trabajo era justamente fundamental, tenía permiso para salir.
El día del anuncio el país se paralizó El Presidente habló por videconferencia con todos los gobernadores, aunque la gobernadora Arabela Carreras estuvo presente en el mismo recinto que Fernández.
Las medidas nacionales, de cumplimiento obligatorio en todo el territorio argentino, fueron aplicadas en cada rincón, generando desazón pero una vez más aparecía la palabra esperanza, ante la posibilidad de que esa fuese la solución.

En el interior

En las ciudades más chicas del interior del país, como es el caso de Roca, se vivieron escenas impensadas para muchas personas, por ejemplo los más jóvenes quienes afortunadamente nunca habían visto a las fuerzas públicas en la calle pidiendo a la gente que se fuera a su casa.
La imagen de la camioneta verde recorriendo el centro, desde la cual un uniformado pedía por altavoz a los vecinos que se fueran a su domicilio, recordando el número de decreto que lo establecía quedó grabada en casi todos los roquenses. 
También en esos días se hablaba de los primeros casos “sospechosos” en la ciudad. Personas aisladas, con temor a que se supiera su nombre por el prejuicio que en ese momento estaba instalado muy fuerte. Así fue que el primer positivo confirmado fue “escrachado” en las redes sociales. 
En esas primeras semanas no existía la posibilidad de procesar resultados de los hisopados en Roca por lo tanto las pruebas se enviaban al instituto Malbrán en Buenos Aires, pero el diagnóstico no tardaba menos de siete días, a veces hasta 10.

Fue entonces que un grupo de vecinos, vecinas y empresarios se reunieron para reunir el dinero necesario para comprar el Termociclador que permitiría equipar el laboratorio de Biología Molecular del hospital para procesar pruebas en la ciudad. Tiempo después y con el aporte también del ministerio de Salud, se compró la aparatología y las pruebas se empezar hacer en la ciudad. Lo mismo hicieron en algunos laboratorios privados.
Y así fue como la ciudadanía se fue adaptando a la nueva realidad. Gente con barbijo, personal de salud y de otros servicios, como los encargados de la recolección de residuos, vestidos como astronautas. Filas, días determinados y horarios especiales para ir a comprar. Comercios esenciales y otros cerrados, escuelas cerradas y niños y niñas encerrados sin entender mucho qué pasaba y tomando clases virtuales.
Las reuniones “clandestinas” comenzaron a denunciarse en redes, ámbito que se volvió foro de debate de las medidas que se iban adoptando. Siempre hubo y habrá detractores y quienes respaldan. 
La distancia con los seres queridos, a quienes había que cuidar especialmente ya que eran “los preferidos” del virus, hizo mella en el entramado social y en las familias. La realidad marcaba que en esos días el coronavirus se ensañó con los más grandes.
Y a medida que la sociedad iba conociendo un poco más del funcionamiento del Covid-19, de cómo cuidarse, qué hacer y que no y se acostumbraba a ver conferencias del director de la Organización Mundial de la Salud (OMS), surgió otra gran noticia: Se estaban desarrollando y probando las primeras vacunas.
Con otra gran polémica y debate mediante, aparecieron las primeras dosis y a fines de diciembre de 2020 el mundo iniciaba una campaña de inmunización histórica.
Así transcurrían los meses, las vacunan llegaban con demora, la gente se iba vacunando según la edad, la ocupación y el factor de riesgo. 
Todo 2021 estuvo marcado por los operativos de inmunización, las curvas preocupantes de aumento de casos que rompían barreras de 110.533 diarios, y los descensos más ansiados.
Se llega de este modo a los dos años del primer ASPO aun en medio de la pandemia, pero con una vida “casi normal” y un alto porcentaje de la población con su esquema de vacunas completo. Recomponer todo lo que se vio afectado a nivel social y económico es y será otra gran misión.

Gentileza anr

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