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Editorial: Nuestra pequeña jungla cotidiana

Un relieve sin grandes alteraciones, una extensión acotada a 10 kilómetros de este a oeste y de norte a sur y un clima que a lo largo de casi todo el año es amable. Todo eso no es suficiente para que en Roca sea muy difícil desplazarse.

Inciden las decisiones políticas, las gestiones públicas y privadas alejadas de la eficiencia. Y también una cultura proclive a moverse en vehículos motorizados, dejando a la bicicleta como una opción limitada a la estrechez económica y a las excepciones de quienes privilegian ese medio por razones de salud y de cuidado ambiental.

Roca tiene un pésimo sistema de transporte público. La llegada a ese estadio es multicausal, con factores macroeconómicos influyentes, pero con una importante dosis de ingredientes locales en el cóctel.

Hasta hace un año, subirse a un colectivo era caro y el servicio ofrecía modesta agilidad. Nadie imaginaba que la siguiente instancia era peor: la ciudad quedó directamente sin colectivos.

Recién ahora empieza a delinearse una salida, con la cooperativa conformada por los choferes de la empresa 18 de Mayo.

No hay que imaginar la panacea. En medio de la crisis sanitaria, puede trazarse un paralelismo: el sistema está saliendo de una larga etapa en terapia intensiva, debe recuperar músculos y no podrá caminar sin ayuda externa.

Sin subsidios estatales, la experiencia emprendedora de los 54 trabajadores sería inviable. Y todos saben en el rubro sobre las penurias que atraviesan las empresas y cooperativas del interior del país para lograr que Nación pague sus aportes, que además de ser inestables están lejos de corregir las injusticias en el reparto entre las provincias y el AMBA.

Pero Roca no sólo padece su red de colectivos. Los taxis también están dentro de un círculo vicioso.

Comparados con el boleto de colectivo, son caros. Y desde mañana, más caros, porque el Concejo autorizará un aumento. Pero si no aumentan, no cubren los costos. Y si no cubren los costos, no viven. La pregunta incómoda empieza a aparecer: ¿no serán muchos para una economía azotada por la pandemia y el contexto económico previo?

Más temprano que tarde, el municipio deberá buscar una respuesta para ese interrogante.

Seguramente aparecerá allí la necesidad de definir si se mantiene un sistema regulado como el vigente o la ciudad explora una desregulación al estilo de las ciudades del mundo que han abierto sus puertas a los sistemas tipo Uber, donde trabaja más el que mejor servicio presta, a juicio de los usuarios.

La jungla cotidiana se completa con una red vial desbordada de autos y motos, que apenas atenuó su impacto por la parálisis que impuso la cuarentena del 2020 y el coincidente regreso del estacionamiento medido, con valores incrementados.

La decisión de sumar ciclovías no parece cercana a los roquenses por el momento. Sólo los proyectos de renovación de las rutas 6 y 22 prevén esos espacios reservados a las bicicletas.

Promover una extensión de ese sistema desde los barrios al centro sería un enorme aporte, porque seguramente son muchos los que estarían dispuestos a pedalear por la ciudad, pero no lo hacen porque el entorno es altamente inseguro.

Por: Hugo Alonso halonso@rionegro.com.ar

(Gentileza lacomuna)

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